Cuando Falta el Respeto en Sala se pone en Peligro el Derecho de Defensa

Jun 12, 2025 | Experiencias

Anteayer, durante una comida con compañeros de profesión, surgió un tema que me ha llevado a escribir esto. Porque llega un punto en la vida y en la carrera en que una ya no tiene miedo de decir lo que piensa.

La mayoría de los magistrados mantienen un trato correcto con la abogacía. No siempre cordial —que sería lo deseable—, pero sí respetuoso. Y eso permite trabajar con cierta fluidez
Pero hay veces —menos frecuentes, pero demasiado significativas— en las que la actitud del juzgador es de todo punto inadmisible.
No hablo de susceptibilidades. Hablo de algo más serio: impedir el ejercicio digno del derecho de defensa.
Cuando un abogado no puede ejercer su función con libertad y respeto, no solo se vulnera su dignidad profesional, sino también las garantías del proceso y los derechos del ciudadano al que representa.

Las formas que adopta esta hostilidad en sala son muy concretas:

  • Miradas desafiantes o gestos de desdén.
  • Sonrisas irónicas ante el alegato de la defensa o la acusación.
  • Comentarios sarcásticos al letrado o al cliente.
  • Interrupciones constantes que impiden argumentar con claridad.
  • Tono humillante que recuerda quién tiene el poder, como si eso diera la razón.
  • Frases como “eso ya lo hemos oído”, “sea breve, que no va a cambiar nada” o “a ver si terminamos ya”.
  • Ignorar la intervención del abogado: mirar al techo, revisar el móvil, hablar con alguien mientras informa.
  • Regaños en público con tono paternalista: “no me venga con lecciones de derecho”.
  • Declarar impertinente una pregunta sin dejar que se termine de formular.
  • No saludar al letrado o responder con desprecio al inicio del juicio.
  • Corregir al cliente con ironía: “a ver si lo entiende, que no es tan complicado”.
  • En alguna ocasión, GRITOS.

Estas actitudes no son “formas de dirigir el proceso ”. Son una falta de respeto que enrarece el juicio, daña la imagen del tribunal y, en ocasiones, afecta directamente a la defensa.

Quien actúa en sala con respeto y profesionalidad no tiene por qué soportar nada de esto. Defender esta profesión pasa también por no normalizar lo inaceptable.

¿QUE SE PUEDE HACER?

  • Mantener la calma y responder con firmeza, sin perder la educación.
  • Si se graba el juicio, pedir copia. Si no se graba, dejar constancia en el acta cuando proceda.
  • Formular queja si la conducta se repite o es especialmente grave.
  • Informar al Colegio de Abogados (en Madrid, Defensa de la Abogacía).

No justificarlo ni callarlo. Callar no es prudencia: es complicidad.

No, no es el “carácter del juez”. No es el “ambiente de sala”. Es una falta de respeto que degrada el proceso.

La presión en juicio debe venir de la complejidad del asunto, no de la hostilidad que se recibe en sala.

El respeto a la abogacía es respeto al derecho de defensa. Y sin defensa, no hay justicia.

(Foto: Freepik)

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