La citación es a las 10:00. Llegas puntual. El cliente también. Los testigos han pedido permiso en el trabajo, han hecho kilómetros, han organizado su día. Y toca esperar. Una, dos, tres horas. O más.
Y a veces, peor: llegas a una comparecencia y nadie recuerda que había sido señalada. Silencio. Ni una explicación. Ni una disculpa. Y encima, si protestas, la respuesta es la hostilidad.
No es serio. No es justo. Y no es normal.
Pero lo estamos normalizando. Y ahí también tenemos parte de culpa. Por no quejarnos. Por miedo a parecer incómodos… o a que la queja influya, de una forma u otra, en la resolución del asunto.
Pues no. Si nuestras incomparecencias tienen consecuencias, las del resto de operadores también deberían tenerlas. El respeto es de ida y vuelta.
Esto no va de medios. Va de gestión y educación. Y de respeto. La Justicia no solo se imparte, también debe ser organizada. Y hasta que eso no cambie, seguiremos fallando en lo más básico, con respeto las cosas funcionan mejor.

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